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lunes, 23 de noviembre de 2015

Nos han engañado. Nos vienen engañando desde hace mucho tiempo.


Nos han engañado. 

Nos vienen engañando desde hace mucho tiempo.

Hemos caído en la trampa. Hemos elegido la bisutería pensando que eran joyas, el cristal por diamante, el nácar por plata.
Nos han hecho creer desde hace milenios que la dicha viene de afuera, que sin lo externo no somos nada, que la diversión y el entretenimiento son la felicidad, que los excesos son lo que satisface y contenta, que el tener resulta esencial y no el ser.
Nos han adoctrinado para depender de todo lo exterior, nos han inculcado necesidades y deseos que no son nuestros, nos han precipitado al ruido, el estrés, la acción desmesurada y el distanciamiento cada día mayor de nosotros mismos, viviendo de espaldas a nuestra auténtica realidad.
Hemos entrado en el laberinto de lo engañoso, lo ilusorio, lo banal y superficial, lo que ofrecen como néctar y es veneno.
Al final hemos sido capturados por la espiral. Queremos conocerlo todo, pero no tenemos ningún interés en conocer al conocedor.
Miramos las estrellas, si es que las miramos, pero no nos miramos a nosotros mismos en lo profundo. Somos los grandes desconocidos para nosotros mismos.
Tan exteriorizados estamos, que hemos dejado de ser y nos hemos vuelto mediocres imitadores, un reflejo anodino del exterior, en la red de viejos patrones que nos roban el discernimiento.
Pero si algo urge para recuperar nuestra salud psíquica y establecernos en nuestra propia y real naturaleza, es el viaje hacia adentro, aprender a escudriñar en uno mismo y no fiarse de las falsas promesas e inciertas expectativas de esta sociedad, conspirando contra el individuo y con gobernantes de mente ofuscada y corazón de madera.
Solo en el viaje hacia adentro es posible hallar la paz interior que le da un sentido a la vida, que por un lado esclarece la mente y por otro, hace compasivo al corazón.
Para hacer posible esta singladura por el océano interno, se nos han facilitado las herramientas necesarias.
A través de la meditación, la contemplación u otras técnicas de introspección, desconectamos del mundo exterior durante unos minutos, para ir hacia los adentros.
No se trata de ser un necio subiendo y bajando por la misma orilla una y otra vez, sino de cruzar de la orilla de la servidumbre a la de la libertad.
Nada es comparable a la paz interior, pero tan hipnotizados estamos yendo a ninguna parte, que perdemos de vista el objetivo fundamental, que es convertirnos en nosotros mismos.

Ramiro Calle

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